Siempre me ha parecido muy bien que la gente haga deporte, es más, cuando es posible lo recomiendo. Sin embargo, en los últimos tiempos, cada vez más, se han puesto de moda las bicicletas, cosa que por sí sola no está mal, si no fuera porque las personas que practican este deporte sin ser profesionales o estar dirigidas por algún club representan un peligro continuo allá donde van, peligro en el que siempre se llevan la peor parte ellos.
Cada una de las variedades que hay para la práctica del deporte de la bicicleta tiene diferentes riesgos. Los que practican el ciclismo en carretera exponen su vida y suponen un riesgo para otros vehículos, provocando accidentes que no son deseados.
Uno de los peligros aparecidos últimamente lo constituyen los practicantes de mountain bike. Esta nueva modalidad de ciclismo se ha convertido en la “fiebre dominguera” que llena caminos, veredas y montañas de grupos de ciclistas que, con desprecio absoluto hacia los demás, invaden los senderos haciéndolo en grupo y con grave riesgo para los que caminan plácidamente contemplando la naturaleza. Estos caballeros, cuando se montan en la bicicleta se creen “Don Quijote” y sueñan con alcanzar la gloria a través de un deporte, que por lo general les ha llegado tarde, y creen que con llevar una bicicleta mountain bike con múltiples prestaciones y un equipo completísimo de ropa (culotte, casco, maillot, guantes, zapatillas y un largo etcétera) ya está todo resuelto. Esto viene a demostrar que más bien salen a lucir su equipo que a practicar un deporte.
Como es lógico, entre este segmento del ciclismo hay verdaderos que disfrutan con el deporte y que no llevan un equipo tan sofisticado, pero estos buenos aficionados utilizan para sus prácticas las zonas que le son propias, no invaden las veredas y tienen un exquisito respeto hacia los demás. Hacer ciclismo está bien, pero que cada uno lo haga en el lugar apropiado y con el respeto que se merecen el resto de ciudadanos que han elegido otra forma de contactar con la naturaleza o de pasear por parques y jardines.
Madrid, 22 de julio de 1.994